Esperanza

No es casualidad que este texto lo improviso en la noche de Navidad, un momento idóneo para escuchar a personas cercanas y medios de comunicación algo que yo llamaría el espíritu de la esperanza. Hace solo unos instantes no conocía correctamente todas las definiciones de la palabra esperanza. Pensaba que simplemente era el deseo de que sucediera una cosa, pero leo en un diccionario que también es un estado de ánimo en el que parece posible lo que deseamos. Muchos se entregan estos días por decisión propia, pero también los hay que persuadidos acaban dejándose llevar por unas horas. Si tienen una televisión, no será difícil ver imágenes que quieren transmitir esa esperanza, en los informativos, la esperanza es noticia. Los anuncios publicitarios también la transmiten y amablemente nos conducirán hasta los centros comerciales, donde las únicas desgracias o necesidades impuestas que se pueden saciar son las materiales, claro que pagando, el mismo espíritu y estado de animo aunque algo vergonzante. Las iglesias y las misas que vemos por televisión los que no asistimos, están llenas de personas que rezan a su Dios, y es de presuponer que los bienes que piden son menos materiales, que la esperanza es una de las virtudes de las personas cristianas. Lo que no sé muy bien es que esperanzas tienen los niños que acompañan a sus padres, aun está por ver si ellos no son capaces de hacer lo que sus mayores ya entregaron a la fe. Conocía mejor el concepto de esperanza matemática que viene a ser el valor promedio que obtenemos al realizar sucesivamente un experimento, pero poco sirve para entender la esperanza depositada en la Lotería de Navidad. ¿Cuántas personas han de perder para tener un agraciado? Pronto cotizará en bolsa Loterías y Apuestas del Estado y su valor será ni más ni menos lo que estemos dispuestos a gastar en un premio de azar. ¿Pero es qué nuestra esperanza necesita de la desesperanza de los demás? Creo que no tiene mucho sentido hacer de esto algo aceptable, quizás deberíamos desmontar y comprender mejor las pequeñas cosas y causas que componen nuestras esperanzas y emprender lo que verdaderamente está en nuestras manos o es justo cambiar. Educando en el consuelo y no en la fuerza de voluntad no se cambiarán las cosas, solo las pospondremos. No entreguemos a la esperanza lo que nos corresponde hacer, y menos ahora, cuando los que tienen el poder están expuestos a una revolución. Sería desaprovechar una oportunidad.

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